Por Nora Bär Un pequeño ensayo realizado con psilocibina, la sustancia activa de los llamados “hongos mágicos”, se suma a otros que sugieren que estimula la actividad cerebral y alivia los síntomas por tiempo prolongado. Era el 16 de abril de 1943 y el químico Albert Hoffman se encontraba trabajando en su laboratorio de la compañía Sandoz, en Basilea, Suiza, cuando empezaron a perturbarlo unas sensaciones extrañas. En su diario de esos días, lo cuenta así: “El viernes pasado tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra y con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente chillona) me penetraban sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores i...
Tratamiento y Prevención de Adicciones